Como las abejas

Aún recuerdo aquellas incipientes lecciones de Ciencias Naturales, en mi colegio de EGB: “Los seres vivos nacen, crecen, se reproducen y mueren.” ¡Un clásico! Me venía este pensamiento a la mente al contemplar la evolución de la naciente obra salesiana en Turín. Como un enjambre de abejas: había nacido en una sacristía, la de San Francisco de Asís, gracias a “un Avemaría rezado con fervor”. Había crecido por las calles de la ciudad, de manera itinerante, de modo que en pocos años las primeras decenas de jóvenes a los que se impartía catecismo se habían convertido en varias centenas de muchachotes a los que instruir, alimentar y albergar a diario. La mayor parte de ellos no tenían otra casa donde ir que la de Don Bosco.

Llegaba el momento de reproducirse. Allá por 1847 era tal el número de muchachos que acudían los días de fiesta al Oratorio de San Francisco de Sales, que sólo una parte podía entrar en la capilla, mientras se celebraban las funciones religiosas. El resto (¡unos doscientos!) permanecía en el patio, si bien el espacio ya se quedaba pequeño para tantos.

Con estas dificultades, no es difícil sospechar que Don Bosco alzara los ojos hacia nuevos horizontes, en lugar de conformarse con la situación o, peor aún, despedir a unos cuantos y atender adecuadamente al resto. ¡No! Don Bosco jamás habría accedido a tal amilanamiento. Un día de verano, don Borel y nuestro santo mantenían una conversación al respecto. “Por indagaciones que he hecho –comentó Don Bosco– sé que la tercera parte de los muchachos viene desde la parte oeste de la ciudad y algunos les toca hacer uno y hasta tres kilómetros de camino. Ahora bien, si abriéramos otro oratorio por aquella parte, ¿no le parece que obtendríamos nuestro deseo, aun permaneciendo aquí?” (Don Bosco no contemplaba en absoluto la posibilidad de abandonar Valdocco, a pesar incluso de que la finca Pinardi aún no era de su propiedad). Y continuó diciendo: “Así conseguiremos dos ventajas: al disminuir el número de muchachos de este oratorio podremos atender mejor a los que quedan; y además atraeremos al nuevo oratorio a otros muchos que no vienen hasta aquí por estar demasiado lejos.”

El sitio elegido fue el lugar conocido como Rambla del Rey, en las cercanías del río Po. Hoy discurre por este lugar la avenida de Víctor Manuel II. Era un lugar donde se solían celebrar reuniones populares, y habitualmente frecuentado por pandillas de muchachos vagabundos y lavanderas. Precisamente unos y otras fueron objeto del interés de Don Bosco. Los primeros, como destinatarios privilegiados de su misión: jóvenes que permanecían ociosos y alejados de la oferta parroquial. Las segundas, ya que debían abandonar una casita que les servía de cobijo y lugar de reunión mientras hacían su labor. Escribe Don Bosco: “Para conseguir la casa hubo que sostener una verdadera lucha con sus habitantes. Estaba ocupado por lavanderas, que creían iba a llegar el fin del mundo si tenían que abandonar su antigua morada; pero, tratadas a las buenas y dándoles la debida indemnización, se pudieron arreglar las cosas sin que los beligerantes llegaran a la guerra.”

Si un sermorcito sobre las coles trasplantadas sirvió años a tras al teólogo  Borel para explicar a los muchachos la necesidad de trasladarse de un sitio a otro, ahora otra imagen de la naturaleza hacía lo propio para explicar la necesidad de abrir una nueva sede. Una mañana de domingo, reunió Don Bosco a los muchachos en torno a sí y les anunció que pronto se abriría un nuevo oratorio: “Mis queridos hijos: cuando las abejas se han multiplicado demasiado en una colmena, un enjambre sale de ella, constituye una nueva familia y vuelan para habitar en otro sitio. Como veis, aquí somos tantos que no podemos rebullirnos. En el mismo patio a cada instante uno tropieza con otro, cae por tierra y se rompe las narices. En la iglesia estamos como sardinas en lata. ¿Qué hacer? Vamos a imitar a las abejas: ¡formaremos otra familia e iremos a abrir un segundo oratorio!” Cuentan las crónicas que los chicos acogieron con entusiasmo la idea. Al instante, la noticia corrió como la pólvora, y los muchachos empezaron a visitar con curiosidad los nuevos terrenos.

La inauguración del nuevo oratorio, dedicado a san Luis Gonzaga, tuvo lugar el día de la Inmaculada de aquel mismo año, 1847. Cayó una espesa nevada, a pesar de lo cual los muchachos acudieron en masa a la apertura y a la bendición de la capilla. Don Borel, dado que Don Bosco debía permanecer atendiendo el Oratorio de San Francisco de Sales, bendijo la capilla, celebró allí la eucaristía por vez primera y después se dirigió a los muchachos con un sermón adecuado al acontecimiento.

Varios directores se sucedieron al frente del nuevo oratorio: el teólogo Jacinto Cárpano, don Pedro Ponte, don Pablo Francisco Rossi… Durante varios años incluso ni siquiera llegó a haber director fijo, sino que Don Bosco se las apañaba (¡qué verbo tan salesiano!) para disponer de un sacerdote para confesar, decir misa y predicar. Finalmente, don Leonardo Murialdo –hoy santo– ocupó el puesto, tiempo durante el cual los muchachos estuvieron muy bien atendidos.

No fue esta la única dificultad que sufrió el “San Luis”. También los valdenses (cierta rama del protestantismo) fueron a instalarse cerca del Oratorio. No olvide el lector que en este tiempo el diálogo ecuménico ni siquiera se había planteado: protestantes, valdenses y cualquier grupo no católico era considerado hereje, según el hoy reinterpretado principio teológico “Extra Ecclesiam nulla salus” (“Fuera de la Iglesia no hay salvación”). Con tretas y argucias propias de un proselitismo feroz, “compraban” y atraían a los muchachos del Oratorio hacia su iglesia.

El Oratorio de San Luis no fue el único que atendió Don Bosco, aparte de Valdocco. En el barrio de Vanchiglia, en un suburbio conocido como Moschino, un buen sacerdote llamado don Cocchi atendía a un grupo de chavales en un ambiente de absoluta marginación a través de un oratorio parroquial, llamado del Angel de la Guarda. Por razones políticas y económicas, hubo de ser cerrado en 1849, pero Don Bosco consiguió la autorización para reabrirlo unos meses más tarde, poniéndolo bajo la dirección sucesivamente de don Cárpano, don Vola y don Roberto Murialdo.  Este Oratorio del Angel de la Guarda continuó abierto hasta 1866, fecha en que la marquesa Barolo erigió la parroquia de Santa Julia, con otro oratorio anexo. Don Bosco, considerando que la coexistencia de ambas realidades era inviable, envió a los sacerdotes y seminaristas que atendían el viejo oratorio al de San José, en el suburbio de San Salvario, donde eran realmente necesarios.

Dejar un comentario

Archivado bajo Uncategorized

El boom del ladrillo

La crisis económica sigue en nuestro país, con una crudeza tal que casi nadie podía imaginar las nefastas consecuencias y las cifras desorbitadas hasta extremos inauditos en lo que se refiere a las tasas de desempleo, a la prima de riesgo… o a otros tantos conceptos inusuales hasta hace pocos meses para el gran público, y hoy compañeros de mesa y mantel. De igual manera que pocos recordarán como un par de años antes del detonante financiero, ya se hablaba en nuestro país que la situación del ladrillo y de la construcción estaba a punto de llegar al colapso. Mientras, los políticos de turno se empeñaban en negar las evidencias de una situación que llamaba a las puertas de nuestro país… Pero eso es harina de otro costal, y mejor no “meneallo”…

Hablando de ladrillos y de construcción, no faltaban precisamente en aquel arrabal de Valdocco a mediados del siglo XIX. Si es verdad que la Casa-Madre salesiana necesitaba otros espacios a todas luces más “prácticos”, la mente de Don Bosco miraba a una nueva iglesia, que llegara a sustituir a pequeño cobertizo que hasta ahora había hecho las veces de capilla. He de reconocer que la pequeña iglesia de san Francisco de Sales, a las espaldas de la majestuosa basílica de María Auxiliadora, conserva un encanto y un sabor a la más genuina época fundacional de la Congregación salesiana. Cuando uno entra por esa puerta, y piensa en los “grandes” que pisaron esas losas, los que rezaron y cantaron, los que ofrecieron su llanto y su alegría… no puede menos sentir un escalofrío por la piel, y dejarlo correr por todo el cuerpo. Pienso en los Savio, los Magone, los Besucco, los Rúa, los Cagliero, los Artiglia, los Buzetti…

En ellos pensaba Don Bosco cuando escribe en sus Memorias: “La antigua [capilla Pinardi] resultaba incómoda por su escasa capacidad y pequeña altura. Para entrar había que descender unos peldaños, por lo que en invierno y cuando llovía se nos inundaba; en cambio, en el verano, nos sofocábamos por el calor y el insoportable tufillo. De ahí que no era raro que se desmayase alguno y hubiese que sacarlo fuera medio asfixiado. Se necesitaba, por lo mismo, construir un edificio más proporcionado al número de jóvenes y más ventilado e higiénico.” Según sigue la narración, la primera piedra del proyecto del caballero Blachier fue bendecida el 20 de junio de 1851. Once meses más tarde, el 20 de junio de 1852, se inauguraba oficialmente el nuevo templo. Como quiera que Don Bosco aún no contaba con un amplio corpus de bienhechores, se lanzó a convocar por toda la ciudad una rifa benéfica, primera de las nueve que haría después. La respuesta fue óptima en esta y en otras ocasiones: en limpio se consiguieron unos 26.000 francos, gracias al sorteo de más de tres mil regalos procedentes incluso de la Casa Real.

Imagen

Inaugurada la iglesia, auténtico corazón y pulmón de la obra salesiana que se iba forjando en Valdocco, Don Bosco emprende nuevas iniciativas en favor de los aquellos aprendices y estudiantes, cuyo número iba creciendo paulatinamente. ¡Hasta un centenar en 1853!: 65 aprendices y 35 estudiantes. Y lo primero era ampliar espacios: la casa Pinardi se había quedado pequeña para ese número, de modo que en la mente del santo ya se empezaba a construir –antes incluso que en la realidad– un amplio edificio situado entre la recién estrenada iglesia y la casa Filippi, aún no de su propiedad. Tal ubicación supondría la demolición de la casa Pinardi, cosa que hubo de dilatarse un cierto espacio de tiempo, hasta 1856.

Cuenta el crítico e historiador de Don Bosco, A. Lenti: “La obra iba bien, hasta que el 20 de noviembre de 1852 parte del segundo piso en el este se derrumbó. Tres obreros se lesionaron gravemente. Don Bosco mandó que se reparara el daño sin dilación. El trabajo siguió adelante pero, cuando la estructura llegaba a la techumbre, en la medianoche del 2 de diciembre de 1852, el edificio entero se derrumbó, dañando también la sección de la casa Pinardi, donde se situaban las habitaciones de Don Bosco. A la mañana siguiente, mientras los inspectores municipales estaban viendo el edificio, se cayó la pared que quedaba. Como era invierno, la obra se paralizó. Para seguir con el programa en la Residencia, Don Bosco transformó la vieja capilla Pinardi en dormitorio y dispuso las clases diurnas y nocturnas en la iglesia de san Francisco de Sales.” En la primavera de 1853 se reanudó la obra que, sin no pocas dificultades añadidas, fue inaugurada en octubre.

La segunda mitad de la obra –el ala oeste– se inició en 1856. Casi al final, cuando ya se retiraban el andamiaje y las vigas de sostén, ocurrió otro accidente. Una de las vigas atravesó el techo de la planta alta, que se derrumbó arrastrando tras de sí parte de los pisos inferiores.

Estas distintas fases constructivas en Valdocco corresponden a un notable aumento de la población residente. Entre 1847 y 1852, Don Bosco “se las había apañado”, sólo con la ayuda de don Merla, para ofrecer estudios secundarios a los pocos muchachos internos. A partir de entonces, tuvo que empezar a enviar a sus jóvenes a maestros de la ciudad. Particularmente  bien recordados en la memoria salesiana son don Picco y don Bonzanino. No será hasta 1855-56 que pueda iniciar un programa de estudios secundarios en la casa, que se completaría con los cinco años de “gimnasio” (bachillerato) en el curso 1859-60.

Otro elemento a considerar en esta inicial fase de consolidación, es el progresivo peso que va a adquirir la escuela en el seno de la obra salesiana. Ante todo, como adecuación a la política de educación popular impulsada por el Estado, por medio de la reforma escolar de Boncompagni, pero también como semillero de vocaciones a la vida sacerdotal. No hay que olvidar, finalmente, que los estudiantes fueron “ganando terreno”, numéricamente hablando, a los artesanos, en una proporción de 2 a 1. La imagen tradicional que representa a Don Bosco con un estudiante y un artesano a su lado representa fielmente esta doble dimensión de la misión educativa salesiana, ya presente en los mismos inicios de la obra del santo turinés. Cualquier intento reduccionista caerá en la trampa de distorsionar y no ser fiel a la realidad histórica.

Dejar un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Día a día con Don Bosco. Del 16 al 31 de mayo

16 de Mayo

1857: Un joven del Oratorio pregunta a Don Bosco cuál fue el secreto de Domingo Savio para ser santo en tan poco tiempo. Don Bosco le responde: “La llave y la cerradura que empleó Domingo Savio para entrar en el Paraíso y cerrar el paso del demonio, fue la obediencia y su gran confianza en el Director espiritual”. (M.B. IX, 646-647)

1878: Pro primera vez Don Bosco dirige una conferencia a los Cooperadores Salesianos de Turín, en la iglesia de San Francisco de Sales. Tras presentar una síntesis de su obra, llevada a cabo gracias al apoyo recibido de los Cooperadores y animarles a continuar  en esa línea, termina con las siguientes palabras: ‘¿Quereis hacer algo realmente bueno? Educar a los jóvenes. ¿Quereis hacer  una cosa realmente santa? Educad a los jóvenes. ¿Quereis hacer algo  muy santo? Educar a los jóvenes. ¿Quereis hacer algo realmente divino? Educad a los jóvenes.” (M.B. XIII, 623-30)

1879: Don Bosco recibe una orden del ministerio que le obliga a cerrar las clases  de bachillerato, por no tener, al parecer, el suficiente número de profesores diplomados. Con dificultad obtiene el permiso para que la ejecución de la orden fuese prorrogada para permitir que los alumnos terminaran sus exámenes.

Al comienzo del siguiente curso ya había encontrado Don Bosco los profesores necesarios y las clases pudieron permanecer  abiertas. Mientras tanto ni el ministro Coppino, autor de la orden de cierre, ni varios de sus colaboradores, pudieron  ver satisfecha su maniobra contra el Oratorio. El primero dejó muy pronto el ministerio y los demás hubieron de cambiar el cargo por otro de menor rango. (M.B. XIV, 149-215)

1882: Muerte repentina de Franchino, alumno del Oratorio, en su pueblo, Rubiana. Dos días después dice Don Bosco en unas “buenas noches”: ‘ Yo creo que a su edad San Luis no sería más bueno que él.” (M.B. XV, 547-548)

1887: Don Bosco celebra la Eucaristía en la iglesia del Sagrado Corazón en Roma, consagrada dos días antes. Hubo de interrumpir el santo sacrificio no menos de quince veces, a causa de la emoción. He pensado en el primer sueño, a los diez años, cuando  sentí decir a la Virgen: ‘ Más adelante, todo lo comprenderás…’. Así habló tras la celebración de la misa: ‘¡ Qué larguísimo camino ha recorrido Don Bosco:  de Becchi a Roma. Una vida de trabajo y de sufrimiento durante sesenta y dos años’! (M.B. XVIII, 340-341)


17 de Mayo

1840: Un día del mes de Mayo de este año el seminarista Juan Bosco es invitado a apadrinar el bautizo del último vástago de la familia Moglia. Juan había estado empleado de mozo de cuadra en aquella alquería desde febrero de 1827 a diciembre de 1828. Tras el bautizo el padrino, Juan Bosco, dice a la madre del niño, la señora Dorotea, de salud enfermiza,  que viviría hasta los noventa y un  años. Efectivamente vivió 91 años. ( M.B. I, 484- 485)

1887: Tras un concierto de órgano en la iglesia del Sagrado Corazón de Roma, Don Bosco felicita al constructor del mismo y le dice: “Le invito a mi jubileo sacerdotal en 1891, y luego, nos volveremos a ver en el Paraíso”.. El constructor de órganos murió en 1892. (M.B. XVIII, 327)

1903: Solemne coronación de María Auxiliadora en la Basílica de Turín, presidida por el Cardenal Richelmy, arzobispo de la ciudad. Se trata de un favor especial del Papa León XIII. La conoración de una imagen de la Virgen no se concede a menos que se demuestre una veneración  de al menos cien años. Esta coronación se concede treinta y cinco años después que Don Bosco colocase en el altar mayor de la Basílica el cuadro de María Auxiliadora que había pintado Tomás Lorenzone.. La primera piedra de este templo había sido colocada el 27 de abril de 1865. (Anales, II, c. XVII)

 

18 de Mayo

1878: El Papa León XIII aprueba la fórmula de la bendición de María Auxiliadora, compuesta por Don Bosco y presentada al Papa el dia 10 de Marzo pasado. (M.B. XIII, 489-490) “Es un pequeño monumento de piedad litúrgica y mariana. Signo que expresa la confianza y abandono en el Señor por María Auxiliadora.” (María Auxiliadora en España, 22)

1887: Don Bosco deja Roma a la que había visitado por última vez, tras la consagración del templo del Sagrado Corazón, el pasado 14 de Mayo. En veinte ocasiones visitó el Santo la ciudad eterna. (M.B. XVIII, 353-355)

 

19 de Mayo

1814: El Papa Pío VII, prisionero de Napoleón en Fontainebleau (Francia) durante dos años, vuelve libre a Roma pasando por Turín. Recibido triunfalmente por los turineses permanecerá en la capital del Piamonte  durante tres días, huésped de la familia real. Pío VII será el Papa que establecerá la Fiesta de María Auxiliadora el 24 de Mayo. (M.B. I, 32).

1861: Para dar satisfacción a la petición de muchos de los chicos del Oratorio, Don Bosco consiente en fotografiarse en medio de ellos. Quiere fotografiarse en el momento de escuchar las confesiones de sus jóvenes. En la foto se advierte la presencia de Reano, Albera (que será su segundo sucesor), Viale y otros… (M.B. VI, 952)

1866: Curación instatánea de una mujer que de un año atrás sufría de artritis. Tras una oración a María Auxiliadora y la bendición de Don Bosco, tira al suelo las muletas y hace un donativo a María Auxiliadora. (M.B. VIII, 366-367)

 

20 de Mayo

1877: Don Bosco comienza las “buenas noches” con estas palabras: “Aquí tengo un talón bancario…una moneda de cinco céntimos que alguien ha perdido…servirá para pagar las deudas del Oratorio…” Tras esta broma del comienzo habla de la confianza en María Auxiliadora: “Estamos en plena novena de preparación a su fiesta. Si alguno de vosotros, tras habar rezado bien, no se siente escuchado por la Virgen, escribiré inmediatamente una carta a San Bernardo para decirle que se equivocó al decir aquello de  ‘…jamás se ha oído decir, que ni uno sólo de cuantos han acudido a vuestra protección, e implorado vuestro socorro, haya sido desamparado de Vos…’ . Estad tranquilos, yo sé que no tendré necesidad de escribir tal carta.” (M.B. XIII, 409-411)

1883: En Auteuil, suburbio de París, Don Bosco recibe en dos ocasiones la visita de Victor Hugo, célebre literato francés. Tras un animado coloquio sobre filosofía y religión, el escritor se despide con estas palabras: “ Soy Victor Hugo…Creo en lo sobrenatural y, por tanto, en Dios, y espero morir con la presencia de un sacerdote que recomendará mi alma al Creador.” (M.B. XVI, 156-161)

 

21 de Mayo

1847: En el primero de los seis domingos que anteceden a la fiesta de S. Luis Gonzaga, en el Oratorio de San Francisco de Sales de Valdocco, son aceptados los primeros socios de la compañía de San Luis. Esta Compañía fue aprobada por Mons. Fransoni, arzobispo de Turín, el 12 de abril del año en curso. ( M.B. III, 219)

Un sacerdote  se lamenta ante Don Bosco de la sequía que asolaba el pueblo y la comarca en que ejercía el ministerio. Don Bosco le dice: “Haga una novena a la Virgen y procure que ninguno de sus parroquianos cometa un pecado mortal y pronto vendrá la lluvia”. Antes de que terminase la novena  se obtuvo la gracia solicitada. (M.B. VI, 956-957)

1867: La princesa María Leticia Wise-Bonaparte Solms, esposa de Rattazzi y célebre escritora de novelas visita el Oratorio en compañía de otras damas.. Admirada  de la obra del Oratorio, escribe a su marido, a Florencia: “Estoycontentísima de haber conocido a Don Bosco, una de lasmaravillasdel presente siglo…” En realidad no hacía más que repetir las palabras que su marido le había dicho con frecuencia: “Don Bosco es para mí el milagro más grande de nuestro siglo”. (M.B. VIII, 795-797)

Un señor que tenía el brazo paralizado desde hacía un año cura al instante por intercesión de María Auxiliadora, en Turín. Su reconocimiento se manifiesta mediante una limosna de tres mil liras para la nueva iglesia de María Auxiliadora. (M.B. VIII, 795-796)

1868: Coincidiendo con la fiesta de la Ascensión, se bendicen  cinco campanas para la iglesia de María Auxiliadora de Turín. Mons. Balma, arzobispo de Cagliari, preside la ceremonia. (M.B. VIII, 767)

1877: Con ocasión del jubileo episcopal de Su Santidad Pío IX los chicos del Oratorio de Turín colectan entre ellos setenta liras para el “Óbolo de San Pedro” (M.B. XIII, 132)

 

22 de Mayo

1825: En un día del mes de Mayo Juanito Bosco tiene el sueño “de los nueve años”, donde  se describe su futuro como apóstol de los jóvenes. Lo contará a Pío IX el 21 de Marzo de 1858) (M.B. I, 123)

1869: Se llama a Don Bosco para que acuda a asistir a un general que está desahuciado; lo confiesa y en lugar de prepararlo para bien morir, le dice: “Pasado mañana celebramos la fiesta de María Auxiliadora; le invito a participar en nuestra fiesta del Oratorio”. Dos días después el general estaba en su puesto y comulgó en la Eucaristía del Oratorio. (M.B. IX, 648 – 659)

 

23 de Mayo

1877: El Conde Carlos Cays, ex diputado del Piamonte, uno de los primeros benefactores del Oratorio, abriga la esperanza de entrar en la Sociedad de San Francisco de Sales. Hoy toma la decisión  tras haber asistido a la curación milagrosa de una chica sordomuda en el despacho de Don Bosco. (M.B. XIII, 218- 242)

1920 : Inauguración del monumento a Don Bosco ante la basílica de María Auxiliadora de Turín. El monumento  es de bronce y representa toda la vida de Don Bosco. Es obra del artista Gaetano Cellini. Se da la circunstancia de que en 1868 Don Bosco se detuvo  delante de esta plaza y dijo a D. Garino, compañero suyo: “Aquí quisiera colocar la estatua de Moisés que con su vara hace brotar el agua de la roca”. (M.B. IX, 207)

 

24 de Mayo

1814: El Papa Pío VII, que el día 6 de julio de 1809 habia sido hecho prisionero en Savona por Napoleón y tres años después deportado a Fontainebleau, regresa en este día a Roma, donde es triunfalmente recibido. En recuerdo de esta liberación instituyó la fiesta de María Auxiliadora en este día.

1843: La capilla cercana a la granja Mazzarello, cerca de Mornese, es dedicada  a María Auxiliadora. María Mazzarello tiene sólo seis años.

1860: Por primera vez menciona Don Bosco en el “Galantuomo” (almanaque  que se viene publicando desde 1853) la fiesta de María Auxiliadora en este día. (M.B. VI, 958)

La noche precedente Don Bosco  “asiste”, soñando, al registro del Oratorio por parte de la policía.. Al día siguiente guarda en lugar seguro alguna que otra carta de Roma y del Gobierno que, al ser malinterpretadas, podrían ponerle en apuros. (M.B. VI, 546)

1862: En las “buenas noches” Don Bosco narra cómo la Virgen se apareció en varias ocasiones a un niño de cinco años en Spoleto.  (M.B. VI, 533)

1869: Se celebra la fiesta de María Auxiliadora por primera vez en la nueva Iglesia a Ella dedicada. Mons. Gastaldi, obispo de Saluzzo, celebra la misa pontifical.  La bendición pontifical fue oficiada por Mons. Riccardi di Netro, arzobispo de Turín. (M.B. IX, 650)

1870: En la sacristía de la iglesia de María Auxiliadora Don Bosco bendice a un joven, José Moreno, que a causa de una fractura mal curada de la pierna, estaba impedido totalmente. Esta vez la curación será total. (M.B. X, 82-84)

En este día de 1870 se cantó por vez primera el himno “Saepe dum Christi”, que narra la victoria de Lepanto por intercesión de María Auxiliadora en 1571. El Himno fue armonizado por D. Cagliero y duró cuarenta minutos. (M.B. IX, 870-871)

1871: Gran solemnidad en el Oratorio con ocasión  del trescientos aniversario de la victoria de Lepanto por intercesión de María Auxiliadora, el 7 de octubre de 1571, (M.B. X, 157- 166)

Una madre que había pedido con confianza la curación de su hijo ciego a Don Bosco, obtiene el favor en este día, por intercesión de María Auxiliadora y la oración del Santo. (M.B. X, 162- 164)

1881: Por primera vez se advierte que la iglesia de María Auxiliadora de Turín  se queda pequeña en las grandes fiestas. Don Bosco abriga la esperanza de poder ampliarla. Será en 1938 cuando las previsiones se convertirán en realidad.

1885: Multiplicación del Pan Eucaristico en las manos de Don Bosco. Con veinte formas consagradas distribuye la Comunión a más de doscientas personas entre las cuales está el duque de Norfolk (Inglaterra) y su séquito. (M.B. XVII, 520- 521)

1887: Ultima fiesta de María Auxiliadora celebrada en vida por Don Bosco. Curación milagrosa de una niña tullida, tras la bendición del Santo. El clérigo Viglietti, secretario de D. Bosco, ve a una niña abandonar el despacho de D. Bosco apoyándose todavía en las muletas. Le dice: “¿Cómo, no te has curado? ¿No tienes fe en Don Bosco ni en la fiesta de María Auxiliadora? ¡Tira al suelo las muletas!”. Ante estas palabras la niña entrega las muletas a su madre y las dos se van a dar gracias a la Virgen en la Iglesia. (M.B. XVIII, 356- 359)

 

25 de Mayo

1845: La Marquesa de Barolo no veía con buenos ojos el Oratorio de Don Bosco que  tenía las reuniones en el Refugio. Don Bosco busca un nuevo espacio. Y con el permiso de Don Tesio, capellán de la iglesia de San Pedro In Vincoli, junto al cementerio, reune a los chicos del Oratorio en la explanada , delante del templo. (M.B. II, 287-289)

1877: “Me quitaría el sombrero de buena gana ante el demonio si me dejara pasar para salvar un alma”. Así habla Don Bosco en una conversación con Don Teroni, director espiritual del seminario de Faenza.  (M.B. XIII, 415)

1952: Como inicio del Congreso Eucaristico de Barcelona se consagra la Iglesia del Sagrado Corazón sobre el Tibidabo de Barcelona, templo confiado a los Salesianos, cuya cumbre había sido donada a Don Bosco (Cfr.  7 de abril y 5 de mayo de 1886). Monseñor Modrego, obispo de Barcelona, preside la ceremonia.

 

26 de Mayo

1841: El diácono Juan Bosco comienza los Ejercicios Espirituales de preparación al sacerdocio. Será ordenado como presbítero el 5 de junio próximo. (M.B. I, 517)

1860: Primer registro policial en el Oratorio (el segundo será el día 9 de junio). Al no disponer de orden judicial los encargados , Don Bosco  no les permite entrar, a menos que vengan provistos de la misma.  La casa es rodeada y custodiada por dieciocho gendarmes. Cuando vuelven, Don Bosco les conduce a su despacho y les permite mirar por todas partes, mientras  él hace desaparecer un telegrama secreto del Gobierno del Piamonte que casualmente se encontraba en su mesa. Mientras los policías buscan Don Bosco trabaja. Las facturas sin pagar aún y las deudas que aparecen  son una clara prueba del “capital oculto” de D. Bosco que aquellos sabuesos buscaban. Mientras hojean libros de la vida de los Santos, Don Bosco les cuenta la historia de San Simón Estilita.

Al no encontrar nada, los agentes se vuelven con las manos vacías. El objetivo principal era  el de apresar a D. Bosco y llevarlo a la cárcel. El pregón de los vendedores de periódicos, aquel mismo día, así lo atestiguaban: “¡Don Bosco en la cárcel, quince céntimos el ejemplar!”. Y Don Bosco, al oirlo, salió y compró un periódico. (M.B. VI, 537-581)

1867: Mons. Riccardi, nuevo Arzobispo de Turín y sucesor de Mons. Fransoni, es recibido triunfalmente en su ciudad. Hasta ahora ha sido amigo de D. Bosco. Circunstancias inexplicables le harán cambiar pronto. (M.B. VIII, 806)

1877: El Conde Cays entra en el Oratorio como postulante. El ex benefactor de Don Bosco será ordenado sacerdote el 20 de Septiembre de 1878, a los sesenta y seis años de edad. (M.B. IX, 871)

1882: Don Rafael Veronesi de Montebudello, que había leído en el Boletín Salesiano de mayo un escrito de D. Bosco sobre la beneficencia, encuentra que las teorías de Don Bosco sobre la limosna son un tanto exageradas y se lo comunica en una carta. Don Bosco le responde y le promete un nuevo artículo sobre la misma cuestión en el Boletín de Julio. Este  artículo le convencerá menos aún y confronta sus puntos de vista  con un grupo de sacerdotes que encuentran que las teorías de Don Bosco  son “cercanas al comunismo”. (M.B. XV, 526-527)

1883: Don Bosco deja París. En Francia es conocido como “un Santo que hace milagros”. En el tren que le conduice a Italia, dice a Don Rúa: “Si todos estos señores de París supieran que han llevado en triunfo a un pequeño pastor de vacas de I Becchi…” (M.B. XVI, 256-258)

1886: En una reunión del Capítulo, en que Don Bosco propone una nueva fundación en El Cairo, en Egipto, dice: “Se trata de una idea muy antigua para mí y uno de mis sueños de juventud. Si fuese más joven propondría a D. Rúa que me acompañara al Cabo de Buena Esperanza, a Nigeria, al Congo…”. Diez años después D. Rúa enviará Salesianos a Alejandría de Egipto y al Cabo de Buena Esperanza. El Cairo tendrá que esperar hasta 1925. (M.B. XVIII, 142- 143; Anales, 135)

 

27 de Mayo

1867: Don Bosco, acompañado de algunos sacerdotes,  visita al nuevo arzobispo de Turín, Mons. Riccardi di Netro, que había tomado posesión de la archidiócesis el día anterior. El Arzobispo le recibe friamente, tras saber que Don Bosco ha fundado una Congregación religiosa. (M.B. VIII, 805-808)

1943: Don Ricaldone, Rector Mayor de la Sociedad Salesiana, celebra  el cincuenta aniversario de su ordenación sacerdotal en la Basílica de María Auxiliadora. (Bol. Sal. 1943, 65-103)

1952: Se introduce en Roma el proceso de Beatificación y Canonización de Monseñor Versiglia y Don Calixto Caravario, misioneros salesianos, martirizados en China el 25 de febrero de 1930.

 

28 de Mayo

1863: Inspección en el oratorio bajo la dirección de un delegado del Secretario del Ministerio de Instrucción pública, Gatti,  Los chicos del Oratorio son interrogados en clase  sobre cuestiones de geografía, historia, sobre el poder temporal del Papa… La Inspección duró dos días. (M.B. VII, 44-48)

1867: Con ocasión del 18 º centenario de la muerte de San Pedro, Don Bosco había publicado, al comienzo de este año un libro: “El centenario de San pedro”. Cuando en febrero se debía imprimir dicho libro en Roma, llegó un  aviso que advertía sobre la posibilidad de poner el libro en el Indice, por culpa de determinadas inexactitudes históricas. El dato que, especialmente, dio ocasión para aquella acusación era aquel donde Don Bosco afirmaba que la venida de San Pedro a Roma no era cuestión de fe. A penas Don Bosco estuvo al tanto del asunto se ocupó en preparar la defensa para su libro, en la que se somete totalmente a la decisión de la Curia Romana.

Esta noche, la más triste de su vida, Don Bosco la pasa en vela, en compañía del clérigo Chiapale; escribe la defensa, la lleva a Monseños Gastaldi, obispo de Saluzzo y amigo personal de Don Bosco, que la envía a Roma, donde el proceso se detiene. En 1879 Don Bosco recibirá un primer premio por el mismo libro. (M.B. VIII, 639, 651-655, 774-794)

 

29 de Mayo

1874:  Un médico incrédulo que sufre ataques de epilepsia, suplica la ayuda de Don Bosco que, primero, se preocupa de su salud espiritual, le confiesa, algo que no hacía desde cuarenta años. Una vez recibida la absolución el médico se fue completamente curado. (M.B. IX, 650)

 

30 de Mayo

1853: Con ocasión del cuarto centenario del milagro del Santísimo Sacramento de Turín, Don Bosco escribe una breve historia  de este hecho y lo publica en las “Lecturas Católicas”. Encomienda, así mismo, al clérigo Miguel Rúa que  edite el mismo libro cincuenta años después (en 1903) haciéndole comprender que viviría, al menos, hasta esa fecha. (M.B. IV, 579-581)

1862: Don Bosco cuenta un sueño tenido días antes. “Me encontraba sobre una una roca en medio del mar y asistía a un combate naval.  Un majestuoso navío, escoltado por otros barcos más pequeños, era atacado por una flota enemiga. De improviso, entre las olas, se elevan dos columnas. Una  está coronada por una imagen de la Inmaculada, con una bandera desplegada y una leyenta: “Auxilio de los Cristianos”. La segunda columna, un poco más alta, muestra el pan eucarístico, y en gran gallardete, la frase: “Salud de los creyentes”. Cuando el comandante del gran navío, que es el Sumo Pontífice, ordena  dirigir el barco entre las dos columnas, los enemigos se baten en retirada y el mar vuelve a la calma.” Don Bosco termina su relato diciendo que se avecinan persecuciones contra la Iglesia. (M.B. VII, 169-175)

 

31 de Mayo

1862: Mientras Don Bosco confiesa a una señora enferma en su casa, entra el  hermano de la enferma y comienza a injuriar a Don Bosco. Dos días después este hombre morirá, tras haberse confesado con el párroco e indicarle que dé a conocer el hecho tal como había sucedido. (M.B. VII, 190- 191)

1867: Mientras Don Bosco caminaba por las calles de Turín, le salió al encuentro un niño de ocho años para darle las gracias por la curación que había obtenido algunos días atrás, gracias a la bendición de D. Bosco. (M.B. VIII, 817-818)

1883: Don Bosco  llega a Turín tras su viaje a Francia que había durado cuatro meses. (M.B. XV, 34- 281)

1959: En la fiesta de la Visitación y de Santa María Reina, Don Renato Ziggiotti, Rector Mayor de la Congregación Salesiana, consagra solemnemente la Congregación al Corazón Inmaculado de María , en la Basílica de María Auxiliadora de Turín. (Bol. Sal. 1959, 257-259)

Dejar un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Una casa para los muchachos

“Se alquila”. “For sale”. “Vende”… Carteles colgados de fachadas y balcones por doquier en cualquier calle de nuestras ciudades. Y aunque no había carteles colgando en la fachada de la casa Pinardi, parecía como si Don Bosco los viese. Nada más instalarse en Valdocco de manera definitiva, en abril de 1846, va a comenzar un proyecto de consolidación y afianzamiento en el nuevo terruño del que nunca se separará. Si el alquiler del cobertizo de la casa Pinardi se había firmado el 1 de abril de 1846 por tres años, no pasarán más de tres meses hasta que Don Bosco alquile tres habitaciones del segundo piso de la casa, y una más en agosto, según testimonio de Lemoyne. Antes de final del año, exactamente el 1 de diciembre, arrendó al Sr. Soave toda la casa y el terreno adyacente por dos años. Y en 1851, el 19 de febrero, Don Bosco pasará de arrendatario a propietario, gracias a que Soave había puesto meses antes toda la propiedad a la venta. Con Lenti, podemos afirmar que con esta compraventa “el Oratorio de San Francisco de Sales quedaba definitivamente asentado en su domicilio permanente”.

Ni corto ni perezoso, Don Bosco abrió rápidamente un “Ospizio” (sic, en italiano) para los chicos más pobres del Oratorio. De hecho, esta obra será una auténtica expansión y consolidación del primer Oratorio. No será una ampliación arbitraria o caprichosa: en 1858, cuando escriba el primer borrador de las Constituciones salesianas, dirá: “Algunos se encuentran tan abandonados que, a menos que se les proporcione cobijo, cualquier cuidado que se espera de ellos sería inútil.” A la par, el Ospizio o “Casa Aneja al Oratorio” le servirá como lugar donde experimentar su sistema educativo, ofreciendo a los muchachos alojamiento, formación humana y cristiana, y el aprendizaje de una labor con la que ganarse la vida. Así, aquella experiencia llegará a ser normativa para los salesianos de cualquier tiempo y lugar. Confirmando este principio, rezan las actuales Constituciones, en su artículo 40: “Don Bosco vivió una típica experiencia pastoral en su primer oratorio, que para los jóvenes fue casa que acoge, parroquia que evangeliza, escuela que encamina hacia la vida, y patio donde se comparte la amistad y la alegría. Al cumplir hoy nuestra misión, la experiencia de Valdocco sigue siendo criterio permanente de discernimiento y renovación de toda actividad y obra.”

El origen de este Ospizio va a quedar reflejado en la memoria salesiana con un episodio, casi tan paradigmático como el encuentro con Bartolomé Garelli aquel ya lejano 8 de diciembre de 1841. Don Bosco lo refleja en sus Memorias del Oratorio:

Imagen

“Sucedió entonces que una tarde lluviosa de mayo de 1847 se presentó hacia el anochecer un jovencito como de unos quince años, totalmente calado. Pedía pan y alojamiento. Mi madre lo recibió en la cocina, lo arrimó al fuego y mientras se calentaba y secaba la ropa, le dio sopa y pan para que restaurara sus fuerzas. Entre tanto yo le preguntaba si había ido a la escuela, si tenía padres y en qué oficio trabajaba. El respondió:

–Soy un pobre huérfano venido del valle de Sesia en busca de trabajo. Tenía tres liras, pero las he gastado antes de que pudiera ganar nada, y ahora no tengo nada ni a nadie.

–¿Has hecho la primera comunión?

–Todavía no.

–¿Estás confirmado?

–No.

–¿Te has confesado?

–Alguna vez.

–Y ahora, ¿adónde vas?

–Pues no lo sé; le pido que, por favor, me dejen pasar la noche en cualquier rincón de esta casa.

Dicho esto se echó a llorar. Mi madre lloraba también, yo estaba conmovido.

–Si supiese que no eres un ladronzuelo, te ayudaría. Pero otros se me han llevado parte de las mantas y tú me vas a llevar las que quedan.

–No, señor. Esté usted tranquilo: soy pobre, pero no he robado nunca nada.

[En efecto, una primera experiencia que narra el propio Don Bosco, relata cómo otros muchachos ya habían pedido alojarse en casa. Al amanecer, Don Bosco y Mamá Margarita comprobaron que les habían robado las mantas e incluso la paja de los colchones.]

–Si quieres –intervino mi madre– yo le prepararé para que pase esta noche, y mañana Dios dirá.

–¿Y en dónde?

–Aquí mismo, en la cocina.

–Se nos va a llevar hasta los pucheros.

–Yo me las arreglaré para que no ocurra.

La buena mujer, ayudada por el huerfanito, salió fuera, recogió algunos trozos de ladrillos, y con ellos hizo cuatro pequeñas pilastras en la cocina; colocó encima algunos tableros, y puso encima un jergón, preparando así la primera cama del Oratorio. Mi buena madre le hizo después un sermoncito sobre la necesidad del trabajo, sobre la honradez y sobre la religión. Al final le invitó a rezar las oraciones.

–No las sé.

–Las rezarás con nosotros– Y así se hizo.

Para que todo quedase bien seguro, se cerró con llave la cocina y no abrimos hasta la mañana siguiente. Este fue nuestro primer residente. A éste se le juntó en seguida otro, y luego otros, pero, por falta de sitio, aquel año tuvimos, que limitarnos a dos. Corría el año 1847.”

No son pocos los historiadores que ven un contenido simbólico en esta historia, más allá de su verosimilitud histórica. De hecho, en el análisis crítico de los datos, se encuentran algunas contradicciones en las fechas o en el número de chicos hospedados, aspectos estos en los que no podemos detenernos. Como con Bartolomé Garelli, aquel huérfano de Asti, se ubicaba en el imaginario de los inicios del Oratorio, de manera análoga la acogida de otro huérfano, esta vez de Valsesia, va a servir de pórtico a una segunda fase fundamental en la germinal historia de la Obra salesiana: la de la “Casa Aneja” al Oratorio. Sin duda, es una constante en la mentalidad de Don Bosco: su obra es para jóvenes en peligro, sin hogar, abandonados. Hoy día, junto a otras obras más institucionalizadas que también vieron la luz en aquellos primeros años, la Congregación salesiana sigue siendo fiel a Don Bosco en la atención a miles de muchachos de este perfil. ¡Que sea así durante mucho tiempo!

Dejar un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Día a día con Don Bosco. Del 1 al 15 de mayo

1 de Mayo

1852: En este año se introduce la costumbre en el Oratorio de dar una “flor” espiritual para cada uno de los días del mes de Mayo (M.B. IV, 405)

1865: Don Bosco ve “en sueños” cómo el demonio busca la forma de distraer, mediante una linterna mágica,  a los chicos durante la Santa Misa. (M.B. VIII, 115-116)

1872: El Papa Pío IX escribe a Don Bosco una carta personal felicitándose con él por el buen resultado de su mediación para el nombramiento de más de cien obispos de Italia. (M.B. X, 458-459)

 

2 de Mayo

1885: El jefe de estación de Alassio hace retrasar la salida del tren ya que D. Bosco, que había llegado con retraso, debía tomarlo. (M.B. XVII, 453)

1922: En Turín, apertura del proceso diocesano de la beatificación y canonización de Don Rúa. El primer sucesor de Don Bosco había muerto el 6 de abril de 1910 (D.R. III, 691)

1959: Consagración del templo de D. Bosco en Cinecittá, en Roma. El acto lo preside el cardenal  Alimonda, cardenal – protector de los Salesianos. Celebra la primera Misa el Rector Mayor, D. Renato Ziggiotti. Para la ocasión fue trasladado desde Turín la urna con el cuerpo de Don Bosco. (Boll. Sal. 1959, Mayo y Junio)

                   

3 de Mayo

1854: Don Bosco  anuncia a sus jóvenes del Oratorio la presencia de una epidemia de cólera en Turín: “Permeneceréis inmunes, les dice, con estas condiciones: permanecer en estado de gracia, llevad al cuello la medalla de la Virgen, rezar un Padre Nuestro, Ave y Gloria, en honor de San Luis Gonzaga, con la jaculatoria: “De todo mal, líbranos, Señor”. (M.B. V, 76-77)

1867: Curación milagrosa de una mujer  paralítica en Caramagna. A las palabras de Don Bosco:” Tira al suelo las muletas y ponte de rodillas”, la mujer obedece y se levanta curada. (M.B. VIII, 769-771)

En una conversación con Santiago Costamagna, futuro Vicario apostólico de Mendez y Gualaquiza, Don Bosco dice: Si muriese ahora, designaría a Don Rúa como mi sucesor: posee todas las virtudes necesarias para este cargo.” (M.B. VIII, 773)

1883: Durante varias horas Don Bosco escucha a muchas personas en la sacristía de Santa Clotilde de París. Debiendo salir para cumplir con otros compromisos, se ve obligado a dejar el templo por la casa parroquial. (M.B. XVI, 109-110)

1925: Beatificación de Don José Cafasso, director espiritual y primer cooperador de Don Bosco. Su fiesta se celebra el 23 de Junio. Las lecturas del oficio del nuevo beato fueron compuestas por Don Francesia que le conoció.(Bol. Sal. 1925, pp 85)

1936: La Sierva de Dios, María Mazzarello, cofundadora con Don Bosco del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, es declarada Venerable.

1959: Histórica visita del Papa Juan XXIII al templo de Don Bosco de Roma, consagrado el día anterior. Es la primera vez que un Papa visita un templo salesiano. El Santo Padre ha venido a venerar el cuerpo de Don Bosco, transportado desde Turín para esta ocasión. El Papa dedicó un precioso discurso dirigido a unos cien mil admiradores y asistentes al acto. (Bol. Sales. 1959, Junio)

 

4 de Mayo

1850: Monseñor Fransoni, arzobispo de Turín, es condenado a un mes de prisión por el Consejo Municipal, por haber escrito una carta secreta al clero de su diócesis. Don Bosco será uno de los primeros que le visitará . (M.B. IV, 62-63)

 

5 de Mayo

1886: En su viaje a España se le ofreció a Don Bosco una propiedad sobre el monte Tibidabo, cerca de Barcelona. Esta montaña había sido comprada por algunos católicos para impedir la construcción de un hotel y una iglesia protestante. En las palabras de agradecimiento D. Bosco anunció que pronto se construiría en la cumbre un santuario en honor del Sagrado Corazón. En 1901 sería puesta la primera piedra. ( M.B. XVIII, 112-114)

 

6 de Mayo

1855: Tras haberles predicado una tanda de Ejercicios Espirituales a 300 jóvenes de “La Generala”, cárcel para jóvenes de Turín, Don Bosco obtiene  un permiso del Ministro para llevarlos a un paseo en el campo. A la vuelta, por la tarde, estaban todos de regreso en “La Generala”. Ninguno escapó, tal como Don Bosco había afirmado, a pesar de los temores del Ministro de Justicia piamontés (M.B. V, 217-228- XIV, 361)

1872: Cuando se plantea la conveniencia de entregar a Don Bosco la dirección de la Generala, el ministro Crispi rehusará poner su firma en el documento correspondiente, diciendo: “Don Bosco es capaz de hacer curas a los funcionarios y a  todos los recluidos en la Generala, y, curas, ya tenemos bastantes” (Bollt. SalL. 1934)

 

7 de Mayo

1857: Como no se encontrase a Domingo Savio ni en clase, ni en el dormitorio, ni en el comedor, se avisó a D. Bosco que, sin más, se dirige a la Iglesia de San Francisco de Sales donde encontró a Domingo en éxtasis, ya de cinco horas, tras el altar mayor. Uno de los cuadros que decoran la Iglesia , una vez  restaurada, recuerda este episodio. (M.B.  V, 464)

 

8 de Mayo

1856: La viuda del emperador de Rusia, a su vuelta de Roma, visita Turín y entrega a Don Bosco para su Oratorio una limosna de 300 liras. (M.B. V, 646)

1864: En una conferencia a los Salesianos Don Bosco narra los difíciles comienzos del Oratorio y de la Sociedad Salesiana. (M.B. VII, 663-664)

1884: D. Bosco imparte en Roma una conferencia a los Cooperadores Salesianos, presidida por el Cardenal Parocchi, Vicario de Roma y Cardenal protector de la Sociedad Salesiana. Tas la conferencia del Santo, el Cardenal pronuncia un fervoroso discurso sobre D. Bosco y la Congregación, de la cual subraya su signo distintivo: la caridad.” (M.B. XVII, 89-95)

1886: A la vuelta del viaje a España Don Bosco es visitado por el Doctor Combal, profesor de la Universidad de Montpellier, que lo examina y confirma su diagnóstico de dos años atrás: ‘Don Bosco no tiene otro mal que un agotamiento completo. Es un organismo deshecho. Es un hombre gastado por la fatiga y continúa trabajando todos los días. Se alimenta escasamente y vive: este es para él el más grande de los milagros.” (M.B. XVIII, 124)

 

9 de Mayo

1837: Nace María Mazzarello en Mornese. Será cofundadora con Don Bosco del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora. (M.B. X, 576)

1856: Mediante una carta personal el Ministro Urbano Rattazzi (anticlerical) anima a Don Bosco en su tarea de desarrollar  el Oratorio y le envía mil liras para la  construcción del nuevo pabellón. (M.B. V, 559- 560)

1876: El Papa, Pío IX, aprueba el Reglamento de los Cooperadores Salesianos. En un primer momento Don Bosco los concibió como “Salesianos Externos” de la Congregación de San Francisco de Sales”, insertando un capítulo sobre “Los Externos” en las mismas Constituciones Salesianas. Pero el “no” de la Santa Sede lo indujo a fundar una “Pía Unión” autónoma (hoy Asociación) con un Reglamento propio. Don Bosco, ante todo, quiso que los Cooperadores fueran corresponsables de la misión salesiana.

 

10 de Mayo

1884: Durante su estancia en Roma D. Bosco hace escribir una carta dirigida al Oratorio  sobre  la situación del “espíritu de familia” y las relaciones entre jóvenes y educadores: es la llamada “Carta de Roma” o “Carta sobre el espíritu de familia”. (M.B.  XVII, 107-114)

1887: Don Bosco está en Roma, por última vez, con ocasión  de la consagración de la iglesia del “Sacro Cuore” Un clérigo del Seminario Pio cura instantáneamente de una sordera de dos años tras la bendición de D. Bosco. (M.B. XVIII, 328)

 

11 de Mayo

1817: Muerte de Francisco Bosco, a los treinta y cuatro años de edad, padre de Juanito Bosco, que aún no habia cumplido los dos años. (M.B. I, 35)

1846: En un día del mes de Mayo Don Bosco y la Marquesa Barolo, fundadora del Refugio,  hablan sobre el futuro. La Marquesa aconseja a Don Bosco un período de descanso porque ve que su salud no va bien e intenta  que abandone su Oratorio errante. Don Bosco le responde que no se ha hecho sacerdote para cuidar de su salud. Y la Marquesa  le dice: “¿Prefiere entonces sus vagabundos a mi Instituto? En este caso sólo me queda agradecerle los servicios prestados…” Don Bosco ya está en la puerta cuando la marquesa le da tres meses para decidirse. Poco después D. Bosco adquirirá definitivamente la casa Pinardi. ( M.B. II, 459-462)

 

12 de Mayo

1847: Tras el primer intento fallido (Don Bosco acoge a unos chicos en su casa y desaparecen por la noche llevándose las sábanas y las mantas), Don Bosco, en una noche del mes de Mayo de 1847, acoge al primer chico como interno en la casa Pinardi. Se trataba de un chico abandonado que vivía en la calle. Antes de irse a la cama mamá Margarita le dirige unas palabras sobre la honestidad  y el agradecimiento. Es el origen de las “buenas noches”. (M.B. III, 207-209)

Es por estos días, en este año, cuando se hacen en el Oratorio, por primera vez, Ejercicios Esìrituales para los chicos. Don Bosco los encomienda al Venerable Don Federico Albert, cura párroco de Lanzo Torinese. En ellos participan  unos veinte jóvenes del Oratorio. (M.B. III, 221-222)

1875: En las “buenas noches” D. Bosco anuncia que pronto Salesianos misioneros partirán para América (ocurrirá el 11 de Noviembre del mismo 1875). “Comenzaremos- dice D. Bosco- con un Oratorio y un Colegio en San Nicolás”. (M.B. XI, 146-147)

1886: Don Bosco, ya anochecido, llega al Seminario mayor de Grenoble. A la puerta le esperan los superiores y el Rector, que al verlo, enfermo y cansado, le dice: “Reverendo Padre, parece que sufre mucho…Pero nadie mejor que usted sabe cuánto santifica el sufrimiento.”No, señor Rector -respondió rapidamente Don Bosco-  lo que santifica no es el sufrimiento, sino la paciencia.” (M.B. XVIII, 119, v.e.)

 

13 de mayo

1877: En las “buenas noches”, refiriéndose a la Virgen, comenta D. Bosco: “..Sabed que la Virgen distribuye gracias todos los días; hoy uno ha sido curado de epilepsia; ayer sanó uno que no podía caminar hace ocho años…” (M.B. XIII, 407-408)

1886: Don Bosco se encuentra como huésped en el Seminario mayor de Grenoble (Francia). Convencidos de la santidad del ilustre visitante, cuatro seminaristas deciden quedarse con el cubierto con que D. Bosco se había servido la comida y poder conservarlo como recuerdo. Uno de ellos, Pierre Mouton, fue monje cartujo. (M.B. XVIII, 129-133)

1887: Don Bosco es recibido, por última vez, en audiencia por el Papa León XIII. El Santo Padre  le recibe en sus habitaciones privadas: le hace sentarse en un sillón y viendo que D. Bosco pasa frío le coloca sobre las rodillas una prenda de abrigo. Entonces entablaron un coloquio confidencial:”Santo Padre, comienza D. Bosco, tengo setenta y dos años,  estoy viejo y enfermo…he querido venir a Roma antes de morir, una vez más, para recibir la bendición de Vuestra Santidad… ahora no me queda ya nada por hacer sino entonar el “Nunc dimittis”…

Soy más viejo que usted,  – apunta el Santo Padre….- Mientras no oiga que León XIII ha muerto, puede estar tranquilo”. “Santo Padre, responde D. Bosco, vuestra palabra es en ciertos casos infalible, y de buena gana aceptaría su augurio; pero,créame, estoy en el final de mi vida.”

La conversación continúa en torno a la Congregación Salesiana y la iglesia del Sagrado Corazón que sería consagrada al día siguiente. (M.B. XVIII, 329-333)

 

14 de Mayo

1860: Don Bosco visita a un antiguo alumno del Oratorio en el hospital del Cottolengo, en Turín. El joven, que había sido rescatado entre los escombros de una casa que se había derrumbado, lleva más de una semana sin conocimiento. Apenas D. Bosco entra en la sala del hospital, el herido  se despierta gritando: “¡Don Bosco!”. Se confiesa  y murió inmediatamente. (M.B. VI, 529- 530)

1862: Primera profesión religiosa en la joven Sociedad de San Francisco de Sales, oficialmente fundada el 18 de diciembre de 1859. Eran 22 los primeros salesianos “profesos”. Entre ellos estaban: D. Alasonatti, D. Cagliero, Don Rúa, Don Francesia, Don Albera…- Junto a vosotros también yo he emitido los votos, aquí, ante el crucifijo…”- dice Don Bosco. Y añade: “Dentro de veinticinco años nuestra Sociedad contará, seguramente, unos mil socios…” (En 1892 la Sociedad contaba  con 1.500 salesianos) (M.B. VII, 160- 164)

1872: Una mujer recupera el oído tras la bendición de D. Bosco. Reconocida, le regala los pendientes. (M.B. X, 324-325)

1881:  En Niza Monferrato, a la edad de 44 años, muere María Dominica Mazzarello, cofundadora con Don Bosco del “Instituto de las Hijas de María Auxiliadora” y primera Superiora General del Instituto que, en aquel momento contaba con 139 religiosas, 50 novicias y 26 casas.

“Concluía su itinerario terreno tras días de intensos sufrimientos, en los que siguió prodigando a sus hijas los dones de sabiduría y de consejo.” (“Cartas de Santa María Dominica Mazzarello” Eddiciones Don Bosco, Barcelona, 1974, p18).

1887: Consagración de la iglesia del Sagrado Corazón de Roma presidida por el cardenal Parocchi, Secretario de Estado y cardenal protector de la Sociedad Salesiana. Durante el almuerzo, tras la ceremonia religiosa, Don Dalmazzo pronunció un discurso de ocasión para dar las gracias a los benefactores  que habían hecho posible esta construcción… El orador nombra, en primer lugar, a los Romanos… Y Don Bosco le interrumpe golpeando el cuchillo en el vaso y dice: “No es cierto, continúa…”

El Santo tenía en su mente los muchos viajes para pedir ayuda monetaria a través de toda Francia  para completar la obra de aquel templo.

En otra ocasión, hablando sobre este templo, Don Bosco dirá que  fue construido “aere gallico”, es decir, con dinero francés. (M.B. XIV, 575; XVIII, 322-345; 351)

 

15 de Mayo

1841: El diácono Juan Bosco  se somete a los últimos exámenes en preparación al sacerdocio, obteniendo una calificación de “plus quam optime” en el Seminario de Chieri. (M.B. I,515)

1861: Un rayo  provoca daños en el Oratorio, aunque no  personales. El periódico “La Gazzetta del Popolo” aprovecha la circunstancia para desacreditar al Oratorio. Días más tarde Don Bosco decide colocar una estatua de la Virgen en el tejado como pararrayos. (M.B. VI, 936-946)

1869: Curación milagrosa de una chica ciega  en la sacristía de la Iglesia de María Auxiliadora, tras una oración y la bendición de Don Bosco. El Santo muestra a la joven una medalla de María Auxiliadora, la deja caer al suelo y ella se inclina para recogerla, mostrando de esta forma que estaba curada. (M.B. IX, 645- 647)

1874: Muerte del sacerdote D. Domingo Pestarino, en Mornese, a los cincuenta y siete años de edad, diez de profesión y treinta y tres de sacerdocio.

Fue la ayuda providencial para Santa María Dominica Mazzarello en la fundación del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora. Fue el primer director durante once años. Entró en la Congregación Salesiana, permaneciendo en Mornese con el permiso de Don Bosco. 

Dejar un comentario

Archivado bajo Uncategorized

1848

No soy historiador, aunque me fascina la Historia. Y en cualquier caso, me muevo como pez en el agua entre los restos arqueológicos y los pergaminos, no así entre las constituciones liberales y los movimientos obreros del XIX.

Sin embargo, aunque uno no sea experto en estas lides, hay una fecha del siglo XIX grabada a fuego en la cabeza de cualquier estudioso: 1848. El año que quiebra en dos mitades casi perfectas un siglo todo él convulso. El parangón más cercano a nuestro tiempo, mutatis mutandis, podrían fechas paradigmáticas tales como 1968, 1989 o incluso 2001.

En efecto, comienza T. Bosco su capítulo sobre este momento con una frase lapidaria: “En 1848 estallaron las naciones europeas como depósitos de municiones”. Y prosigue con una frase de Nicolás I, zar de todas las Rusias: “¿Qué es lo que queda de pie en Europa?” Pretender narrar los hechos que salpicaron todas las naciones del Viejo Continente en esta página, más que imposible, sería una osadía y un atrevimiento. Manuales de Historia contemporánea cumplen sobradamente esa función. Bástenos recordar someramente cómo confluyeron en el Piamonte y en la ciudad de Turín una serie de elementos: por un lado, el liberalismo había cobrado fuerza suficiente para acabar con las monarquías absolutistas de viejo cuño. En consecuencia, la nueva corriente política aspiraba a instaurar por todas partes sistemas democráticos y constitucionalistas. Por otro lado, la ansiada aspiración de tantas nacionalidades a sacudirse el yugo del imperio austro-húngaro, que aún marcaba el compás en la esfera política continental. Y en tercer lugar, el potente movimiento obrero que combatía en los barrios periféricos por lograr una mayor justicia social.

En las primeras semanas del año, en Turín, tal es la presión que llega a palacio y tales las noticias que se escuchan procedentes de las otras monarquías italianas, que el rey Carlos Alberto se plantea abdicar. No llegará la sangre al río, no se aniquilará de un plumazo la monarquía y la religión –como algunos sectores pretendían–, pero el rey aceptará examinar un esquema de Constitución liberal. Se llamará el “Estatuto”, y le dará la bienvenida una multitudinaria manifestación, con más de cincuenta mil caballeros en el cortejo que se forma por las vías principales de la ciudad.

Durante los meses siguientes, continúa el goteo de noticias procedentes del exterior: Florencia y Roma caen bajo la bandera del constitucionalismo; París y Berlín arden en fuego y revolución. Al poco, se unirán al movimiento revolucionario Budapest, Venecia, y Milán. El consejo de ministros, reunido con el rey, examina la situación, tras las noticias frescas que llegan de la capital de la Lombardía. La decisión, primero, será reforzar la frontera para evitar eventuales infiltraciones del ejército imperial. Pero, no contento con esta medida preventiva, el 23 de marzo el consejo de ministros decide actuar. La guerra contra Austria, con la bandera roja, blanca y verde como señal de independencia, ya es un hecho. ¡Hasta Carlos Alberto saldrá al balcón de palacio enarbolando la nueva insignia nacional! A las pocas horas, el rey y el heredero se ponen al frente de un ejército de sesenta mil hombres. Sacerdotes y religiosas no nacionalistas son perseguidos y expulsados de la ciudad. El arzobispo Fransoni, poco proclive a todos estos movimientos, es “invitado” a exiliarse en Suiza. Incluso  el mismo Don Bosco, que contempla la violencia desatada en los alrededores de Valdocco, tiene la valentía de manifestar su neutralidad política: “Señor marqués, es mi firme propósito mantenerme apartado de cuanto se refiere a la política. Ni a favor, ni en contra. [Sólo quiero] realizar el poco bien que pueda a los muchachos abandonados, trabajando con todas mis fuerzas para que lleguen a ser buenos cristianos, ante la religión, y honrados ciudadanos de cara a la sociedad civil.”

En este ambiente tan revuelto, encaja perfectamente uno de los episodios más queridos en la tradición salesiana. Don Bosco aprovecha las circunstancias para inventar un nuevo juego con que entretener a sus muchachos. Un tal José Brosio, amigo del santo, solía ir a Valdocco ataviado con su uniforme militar, dado que había pertenecido a un cuerpo de cazadores llamado los bersaglieri. Aquello despertaba siempre el interés y el entusiasmo de los jóvenes, cosa que vino como anillo al dedo para que Don Bosco le propusiera formar un pequeño regimiento juvenil, y enseñarles ejercicios y marchas militares. Con doscientos fusiles viejos, conseguidos del gobierno, palos de madera, una trompeta y mucha imaginación, empezó aquella instrucción tan singular: cargas, marchas, desfiles… Una tarde de domingo, en plenas “maniobras”, ocurrió el desastre. El ejército “derrotado”, en plena retirada, entró en el huerto de Mamá Margarita arrasándolo todo: lechugas, pimientos, tomates… Habría que haber visto la cara de aquella pobre anciana ante la marabunta de zagalones. Prosigue el biógrafo: “Fue probablemente a la tarde siguiente cuando Margarita no pudo más. Los muchachos se habían ido a dormir, y ella tenía como siempre ante sus ojos un montón de ropa para remendar: al pie de la cama le dejaban la camisa rasgada, los pantalones descosidos, los calcetines agujereados. Y ella tenía que apañárselas junto a la luz del candil, porque los muchachos no tenían otra prenda que ponerse a la mañana siguiente. Don Bosco, al lado, le ayudaba a remendar los codos de las chaquetas y a componer los zapatos.

– Juan  –murmuró de repente–. Estoy cansada. Déjame volver a I Becchi. Trabajo de la mañana a la noche, soy una pobre vieja, y esos muchachotes me lo destrozan todo. No puedo más.

Don Bosco no contó ningún chiste para levantarle el ánimo. No pronunció una palabra: no la había para consolar a aquella pobre mujer. Sólo hizo un gesto: le señaló el crucifijo colgado de la pared. Y la vieja campesina entendió. Inclinó su cabeza sobre los calcetines agujereados, sobre las camisas desgarradas, y siguió cosiendo.

Nunca más pidió volver a su casa. Consumirá sus últimos años entre aquellos muchachos alborotadores, maleducados, pero que tenían necesidad de una madre. Solamente levantará más a menudo los ojos hacia el crucifijo, para sacar fuerzas, aquella pobre vieja cansada.”

Dejar un comentario

Archivado bajo Uncategorized

¡Viva el Papa!

Comienzo esta nueva entrega con un titular periodístico: “Alumnos de Torredonjimeno ganan un concurso de videofelicitaciones para el Papa.” Ante todo, es una noticia curiosa: la conocida cadena 13 TV, de marcado carácter confesional, hizo público el resultado del certamen al que se habían presentado un buen número de concursantes. El vídeo, de dos minutos de duración, se puede encontrar en YouTube bajo el nombre “Feliz cumpleaños, Santidad”.

En efecto, Benedicto XVI acaba de cumplir años en estas últimas semanas por partida doble. Primero, de nacimiento. ¡85 tacos, nada menos! Segundo, como sucesor de Pedro en la Sede Apostólica. Hace siete años, el hasta entonces cardenal Ratzinger salía a la logia vaticana ya investido por el Colegio Cardenalicio como nuevo obispo de Roma.

Pues bien, en el momento en que retomamos la historia de Don Bosco, y nuestro personaje se encaminaba lejos de la ciudad para recuperarse en su pueblecito de Castelnuovo, se estaba viviendo en la Ciudad Eterna un acontecimiento semejante. Es el 21 de junio de 1846, y en Roma acaba de ser elegido papa el obispo de Imola, Juan María Mastai-Ferreti, tras la muerte de Gregorio XVI. Su nombre como Sumo Pontífice: Pío IX, hoy beato. Permítame el amable lector seguir la narración que ofrece T. Bosco en su biografía de san Juan Bosco. Pero antes, para comprender mucho de lo que el biógrafo va a apuntar, recuerde también que el Papa, aún, es el jefe y gobernante de los Estados Pontificios y no sólo un líder espiritual. Y como tal, negocia de tú a tú con el monarca turinés y con los demás gerifaltes de una aún muy fragmentada Italia.

“Es un hombre sencillo y piadosísimo. No es ningún político, ni favorable a las ideas de los liberales. Tiene un profundo sentido de humanidad: por eso lleva a la práctica rápidamente algunas reformas, esperadas hace años en el Estado Pontificio, que son tomadas por reformas liberales, con todos los equívocos subsiguientes.

A los pocos días de su elección, pese al parecer opuesto de muchos cardenales, concede una amplia amnistía política. Muchos detenidos, sin más culpa que la de haber participado en movimientos liberales, son puestos en libertad. Para comprender a los detenidos, va a menudo, de incógnito, a la prisión de Castel Sant’Angelo, habla con ellos, sembrando el pánico entre los dirigentes de la cárcel. Para oír los lamentos de la gente, visita igualmente los hospitales.

Durante los meses siguientes pone freno a los abusos de la política y manifiesta su firme voluntad de que la invasora diplomacia austriaca respete principalmente la independencia de la Santa Sede. En la primavera de 1847 concede cierta libertad de prensa, instituye un Consejo de Estado en el que participan seglares, elegidos por la base, cosa que hace pensar vagamente en un Parlamento. Autoriza la formación de una milicia popular, la Guardia Cívica.

Así las cosas, les parece a los neogüelfos de Gioberti y a los liberales que Pío IX es el pontífice esperado que conducirá a Italia a la tan deseada unidad bajo su égida. Se exalta al papa Mastai como al futuro realizador de la unidad y la independencia italiana en una atmósfera liberal. Se elevan llamas de entusiasmo. Doquiera vaya, Pío IX no puede liberarse de desfiles, homenajes, cortejos de antorchas.

Y no son sólo los liberales los que entienden de este modo a Pío IX. Hay personas socializantes y exponentes de la izquierda democrática, que aplauden el milagro. Hasta Metternich, el poderoso canciller aus­triaco, guardián del absolutismo y del conservadurismo, exclama deso­lado: “Todo lo hubiera esperado, menos un papa liberal”.

Pero Pío IX no es un papa liberal, y sin embargo, se verá forzado, durante dos años, por los sucesos y las circunstancias, a jugar un papel que se presta al equívoco. Equivoco del que los muchachos de Don Bosco también participan. En un ambiente de confusión tal, les recomendará en repetidas ocasiones: “No gritéis: ¡Viva Pío IX! Gritad en cambio: ¡Viva el Papa!” No es lo mismo en la mentalidad del santo.

Durante el verano de 1847, para precaverse contra el “papa liberal”, Metternich hace ocupar, por una guarnición austriaca, la ciudad ponti­ficia de Ferrara. Los liberales interpretan esta jugada como la definitiva ruptura entre la Santa Sede y Austria, la chispa de la inminente guerra de independencia. Carlos Alberto ofrece su ejército al Papa; Garibaldi, desde América, pone a disposición de Pío IX su legión de voluntarios; Mazzini, desde Londres, le escribe una carta con palabras inflamadas.

Pío IX se convierte en bandera de la libertad nacional. Nunca pensó en provocar una guerra, pero le arrollan los acontecimientos. La guerra de independencia, justificada con el nombre, está en el aire.” 1848, con sus revoluciones que se extienden por lo ancho y largo de Europa, está a la vuelta de la esquina…

Ni que decir tiene que Pío IX, además de estadista, es un Papa de gran calado en la historia contemporánea de la Iglesia. Suyas son la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción -tan nuestro-, la convocatoria del Concilio Vaticano I, o el polémico Syllabus… Y sobre todo, el colaborador necesario de Don Bosco para que la fundación de la Congregación Salesiana y la aprobación de sus Constituciones lleguen a buen puerto. Pero todo eso es harina de otro costal, que analizaremos detenidamente en sucesivas entregas.

Dejar un comentario

Archivado bajo Uncategorized